La próxima barrera de la IA estará fuera de la empresa

La próxima barrera de la IA estará fuera de la empresa

La expansión de la inteligencia artificial ha sido presentada principalmente como una carrera por desarrollar mejores modelos, asegurar capacidad de cómputo y atraer inversiones.

El 18 de julio de 2026 se convocaron protestas en al menos 125 localidades de Estados Unidos contra la construcción acelerada de centros de datos. Los participantes cuestionaron el consumo de agua, la presión sobre las redes eléctricas, el impacto ambiental y la falta de transparencia en algunas autorizaciones.

Una encuesta Reuters/Ipsos citada en la cobertura encontró que solo 14% de los consultados apoyaría la construcción de un centro de datos de inteligencia artificial en su propia comunidad. El acontecimiento no demuestra un rechazo generalizado a la IA, pero sí revela que su infraestructura comienza a enfrentar una oposición organizada con capacidad de influir en permisos, regulaciones y decisiones políticas.

La señal ejecutiva es relevante: la próxima barrera para el crecimiento de la IA podría no encontrarse dentro de las empresas, sino en los territorios donde debe instalarse la infraestructura que la hace posible.

La inteligencia artificial también ocupa territorio

Durante los últimos años, la conversación corporativa se concentró en modelos, agentes, automatización, talento y retorno sobre la inversión.

Esa lectura suele omitir que la inteligencia artificial depende de una infraestructura física intensiva. Detrás de cada servicio digital existen centros de datos que requieren electricidad, sistemas de enfriamiento, conectividad, terrenos, autorizaciones y acceso continuo a recursos.

La Agencia Internacional de Energía calcula que los centros de datos consumieron alrededor de 415 TWh de electricidad en 2024. En su escenario base, ese consumo podría superar el doble y alcanzar aproximadamente 945 TWh en 2030.

En términos globales, esa demanda seguiría representando una proporción limitada del consumo eléctrico total. El problema aparece cuando la infraestructura se concentra geográficamente. Para una región específica, un proyecto de gran escala puede competir por capacidad eléctrica, agua, suelo e inversión pública con otras actividades económicas.

Por eso, la expansión de la IA ya no puede evaluarse exclusivamente como una decisión tecnológica. También debe analizarse como una decisión territorial.

La resistencia no siempre es contra la tecnología

Sería un error interpretar automáticamente las protestas como una oposición irracional al progreso.

En muchas comunidades, la tensión surge cuando los costos percibidos son inmediatos y locales, mientras que los beneficios parecen concentrarse en empresas, inversionistas o usuarios ubicados en otros lugares.

Una comunidad puede preguntarse:

  • ¿Quién financiará la ampliación de la red eléctrica?
  • ¿Cómo se protegerá el abastecimiento de agua?
  • ¿Cuántos empleos permanentes generará el proyecto?
  • ¿Qué información se hará pública?
  • ¿Quién responderá si las promesas económicas no se cumplen?
  • ¿Qué beneficios concretos recibirá el territorio?

Estas preguntas modifican la ecuación de inversión.

Un proyecto técnicamente viable puede retrasarse por oposición ciudadana. Una ubicación atractiva puede perder competitividad si no ofrece certidumbre energética. Una autorización acelerada puede convertirse en riesgo reputacional si la comunidad percibe opacidad.

La infraestructura ya no necesita únicamente permisos legales. También necesita legitimidad para operar.

La licencia social se convierte en una variable empresarial

La licencia social no sustituye una autorización gubernamental. Representa el nivel de aceptación y confianza que una empresa consigue construir entre las personas afectadas por su operación.

No aparece formalmente en el balance financiero, pero puede influir en cuatro variables relevantes:

Tiempo

La oposición puede extender consultas, permisos, revisiones ambientales y procesos judiciales.

Costo

Los retrasos, cambios de ubicación, adecuaciones técnicas y compromisos comunitarios pueden elevar la inversión necesaria.

Reputación

Una empresa puede ser percibida como promotora de desarrollo o como competidora por recursos escasos.

Continuidad

Incluso después de iniciar operaciones, la presión social puede generar nuevas restricciones o condiciones regulatorias.

Para la alta dirección, esto implica que la aceptación territorial no debe administrarse como una campaña de comunicación posterior. Debe integrarse desde la evaluación inicial del proyecto.

México debe observar esta señal antes de que se convierta en conflicto

México está buscando consolidarse como destino de inversiones en nube, conectividad e infraestructura para inteligencia artificial. Querétaro ya se ha convertido en uno de los principales polos nacionales de centros de datos y continúa recibiendo nuevos proyectos.

En septiembre de 2025, CloudHQ anunció una inversión prevista de 4,800 millones de dólares para desarrollar seis centros de datos en Querétaro. La compañía indicó que utilizaría un sistema de enfriamiento sin agua, demostrando que el diseño tecnológico puede reducir una parte relevante del impacto territorial. Reuters

Esta precisión es importante: no todos los centros de datos tienen la misma huella y no toda expansión debe producir automáticamente escasez o conflicto.

Pero México enfrenta condiciones que obligan a una planeación rigurosa. La disponibilidad eléctrica no es uniforme, diferentes regiones viven estrés hídrico y la capacidad institucional para explicar y supervisar proyectos puede variar entre estados y municipios.

La oportunidad económica es significativa, pero también lo es la responsabilidad de evitar que la inversión avance más rápido que la infraestructura pública y la confianza social.

La decisión ya no corresponde únicamente al área de tecnología

La selección de una ubicación para infraestructura crítica no puede quedar reducida a precio del terreno, conectividad y beneficios fiscales.

Consejo y Dirección General deberían exigir una evaluación más amplia que incluya:

  1. Disponibilidad energética real: no solamente capacidad contratada, sino resiliencia, ampliaciones necesarias y exposición a interrupciones.
  2. Impacto hídrico verificable: tecnología de enfriamiento, fuente de abastecimiento, recirculación, tratamiento y condiciones de estrés local.
  3. Relación con la comunidad: información previa, mecanismos de consulta, compromisos verificables y canales permanentes de atención.
  4. Distribución de beneficios: empleo, desarrollo de proveedores, formación de talento e inversión en infraestructura compartida.
  5. Transparencia regulatoria: claridad en permisos, responsabilidades, incentivos y mecanismos de supervisión.
  6. Escenarios de oposición: impacto financiero de retrasos, modificaciones, litigios o nuevas restricciones.
  7. Reputación de largo plazo: coherencia entre las promesas corporativas, el impacto real y la comunicación pública.

Estos criterios no buscan detener la inversión. Buscan protegerla.

La infraestructura responsable puede convertirse en ventaja competitiva

La empresa que anticipe estas tensiones podrá acelerar proyectos con menor exposición a conflictos. La que las ignore puede descubrir demasiado tarde que contar con capital y tecnología no garantiza la capacidad de operar.

También existe una oportunidad de diferenciación.

Sistemas de enfriamiento más eficientes, energía con menor exposición ambiental, transparencia sobre el consumo de recursos, beneficios locales verificables y participación comunitaria pueden convertirse en atributos estratégicos de un proyecto.

En este contexto, la sostenibilidad deja de ser únicamente una obligación de reporte. Se convierte en una condición para asegurar capacidad, continuidad y crecimiento.

Conclusión

La expansión de la inteligencia artificial está entrando en una etapa en la que las decisiones tecnológicas tendrán consecuencias territoriales cada vez más visibles.

Para México y Latinoamérica, la oportunidad no consiste únicamente en atraer centros de datos e inversiones. Consiste en desarrollar la infraestructura energética, regulatoria y social que permita sostenerlos.

La alta dirección deberá ampliar su definición de viabilidad. Un proyecto no está realmente listo porque cuenta con capital, proveedor y permiso. Está listo cuando puede demostrar que los recursos existen, que los impactos están controlados y que el territorio comprende el valor que recibirá.

La siguiente ventaja no pertenecerá únicamente a quien pueda construir más infraestructura.

Pertenecerá a quien pueda hacerla viable, legítima y sostenible.

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